lunes, 15 de agosto de 2016

Obediencia y Rebeldía


Obedecer y rebelarse son antónimos, una forma está a favor de la autoridad, y la otra está totalmente en contra. Obediente etimológicamente significa “el que escucha al que está enfrente y lo entiende”, por ello se convierte en su seguidor. Curiosamente, su verdadero significado es muy diferente del que se le da ahora cuya definición es “el que cumple la voluntad de quien manda”. Ésta palabra se ha distorsionado convirtiéndose en lo contrario de lo que en verdad significa, pareciera que uno no pudiera poner en duda la palabra dicha por la supuesta autoridad, pareciera que la autoridad gozara de inmunidad y todo cuanto dijera fuera perfecto. La autoridad no debe obligar a alguien a hacer algo contra su voluntad, debe conseguir hacerle entender la cuestión por la cual le solicita  el cumplimiento de ciertas tareas.

Una persona obediente es una persona fiel al dictado de su líder en quien confía. Fiel porque confía en su palabra, porque está de acuerdo con él, porque aprende de él y con él. Obediente porque quiere y lo desea, y no porque esté obligado a actuar de una forma determinada en contra de su propia voluntad. Cuando nos encontramos con un caso de desobediencia, no es que la persona esté faltando el respeto a su mentor, en realidad es al revés, el problema es que el obediente no ha comprendido algo de lo escuchado, y eso o bien se debe a su inteligencia, o a la inteligencia de la persona de autoridad. Es simplemente un problema de entendimiento, y como tal, esa es la cuestión a resolver, o la autoridad explica mejor su idea, o el subordinado razona mucho más la información.

Si no se consigue un entendimiento, no debería existir el cumplimiento del mandato, y esto no debiera representar una falta de respeto. La falta de respeto es de parte de la autoridad que sintiéndose impotente de conseguir sus objetivos  decide obligar a su subordinado a acatar una voluntad que no ha sido compartida y acordada por ambos. Será entonces cuando el obediente se convierte en rebelde. Rebelde significa etimológicamente “entrar en guerra”, y rebelarse significa “oponer resistencia”. Es completamente lógico y normal que dos inteligencias que no comparten una idea manifiesten su desacuerdo, es lo más natural del mundo, y precisamente esa divergencia de opiniones es lo que hace  desarrollar la inteligencia de ambos. El problema real surgirá cuando alguno de los dos elementos de la relación abandona su intención de querer solucionar el desacuerdo mediante el entendimiento.

El entendimiento es la piedra angular de toda relación, sea de pareja, de padres e hijos, jefes y empleados, o de otro tipo. Si hay una sana intención por entenderse unos a otros, la relación se mantiene sana y permite el desarrollo y crecimiento de todos los componentes. Cuando alguien decide quebrar esta relación de confianza basada en un aprendizaje común, porque se cree que nadie tiene nada que enseñarle a él, porque él cree saber más, lo que consigue es embarrancar el barco, y meterse en un atolladero consecuencia de su soberbia. No importa si es padre o hijo, jefe o empleado, o quien de los dos en la relación de pareja o de la índole que sea, alguno (pero normalmente ambos), pueden considerarse poseedores de la verdad o en el derecho a decidir también sobre la voluntad del otro, basándose en juicios y creencias de lo que está bien y está mal. Es en este punto de intento de vulnerar el libre albedrio del otro cuando aparece cualquier conflicto.

Es el intento de doblegar la voluntad del otro, por no conseguir su apoyo libre gracias a un entendimiento compartido, lo que provoca el acto de rebeldía o desobediencia. La falta de respeto es en realidad del que trata de ejercer el mando o su autoridad, el que pretende algo de la otra persona y utiliza la fuerza o el juicio de valor como medida de presión. En lugar de advertir que todo el conflicto es un problema de conciencia o entendimiento, la tendencia es pensar que el otro (casualmente siempre es el otro aunque a veces lo creo de mí mismo) no actúa de la forma correcta, o es una persona maleducada o lo que queramos pensar. Pensamos que esa persona tiene mucho ego, que es muy temperamental, que se enfada por todo, pues si, ¿y quién no lo es cuando se siente forzado a hacer algo que ni desea ni entiende?

Usamos para tener razón o conseguir nuestro propósito sin ser muy conscientes de ello todo tipo de métodos. Los más sutiles o inconscientes son las creencias sobre lo correcto o incorrecto y los juicios de valor hacia quienes criticamos, tras ello usamos técnicas de manipulación como es ofrecer premios y castigos a cambio, o técnicas de sometimiento mediante el uso de amenazas de cualquier clase, llegando a la mentira y el engaño. Al final, hemos usado prácticamente todos los métodos antes de darnos cuenta que el único problema es que estamos obligados a entendernos para llevarnos bien, y nadie es más ni mejor que la otra persona. Es típico que los padres y los jefes se crean en derecho de mandar sin dar explicaciones, imponiendo las normas que consideren oportunas, de este abuso es de donde surge el conflicto y la tensión emocional que respiran todos los presentes.

La rebeldía es una señal muy buena para detectar el desbalance existente en cualquier relación. También es más sana una relación donde existe rebeldía que una donde impera el silencio y una falsa obediencia, es decir, donde exista la sumisión de una parte ante la otra empoderada y dominante. Sucede que el sumiso es sumiso por miedo a fatídicas represalias, entre las que está no ser querido. Entonces reprime su enfado, calla, y continua haciendo lo que le dicen aunque no es de su agrado, pudiendo creer incluso que aunque no le guste es algo que debe de hacerse. Una relación es sana cuando todos sus componentes pueden rebelarse ante los intentos de control de la otra parte, cuando pueden libremente mostrar su opinión y desacuerdo, sin miedo a ser despreciados por ello, o aun con miedo a sufrir cualquier consecuencia sea la que ésta sea. Callar siempre es peor, pues es reprimir y matar el alma de la persona, y esto que no parece nada, es el origen de toda enfermedad.

Mientras que el obediente enferma sin saber que su problema es precisamente ser falsamente obediente, el rebelde resurge de sus cenizas al reclamar su lugar en el mundo, al expresar sus desacuerdos, al convertirse en único dueño de su destino, tomando sus propias decisiones mal que le pese a quien le pese. Una relación tensa donde impere el silencio o el sometimiento necesita explotar, sus almas tienen que nacer. Es el ciclo de la vida, y aunque el  más fuerte domina al más débil, eso no puede durar para siempre, el dolor de quien calla crece demasiado como para sostenerlo infinitamente. El enfrentamiento es lo natural, y es saludable, es además un fin en sí mismo. Mientras somos muy pequeños estamos indefensos y dependemos de los mayores, somos obedientes de forma natural, e idealizamos a los padres a quienes jamás se ponen en duda, pero llegamos a la edad de 7 años y desarrollamos nuestro propio criterio y la inteligencia racional, ahora discrepar seria lo normal, y someterse a un poder superior seria solo consecuencia del miedo al abuso de autoridad.

En la adolescencia es cuando la rebeldía tiene que llegar a su máximo esplendor, una persona sana emocionalmente se enfrenta en ese tiempo a todos los órdenes establecidos, a sus profesores y a sus padres, y a cualquiera que le niegue su esencia, que se le oponga o trate de rebajarlo o menospreciarlo queriendo o sin querer. El ego es máximo en este momento y es perfecto así, de no ser posible cruzar este umbral en la edad establecida para ello, la represión de la que el alma es objeto se transforma en depresión, y su nacimiento se queda latente, pendiente. La rabia fruto de haber sido oprimido por la soberbia de un adulto autoritario, se solidifica en el cuerpo, no desaparece. Es por ello que personas de edad avanzada tienen todavía comportamientos infantiles e inmaduros, y sus emociones los desbordan, es porque no han podido madurar adecuadamente, siguen sin comprender o entender muchas de las cosas que hacen y que les pasan, aún no se han rebelado.

Si eres fiel a las normas, permítete cuestionarlas, trata de comprenderlas, no las aceptes porque sí, duda de ellas hasta que tengan sentido para ti, pues podrían ser un conjunto de creencias destructivas para tu ser, en lugar de ser unas reglas de convivencia con las que estar perfectamente de acuerdo al menos por ahora en las circunstancias en las que te encuentres. Todos somos distintos y estamos aquí reencarnados para aprender distintas cosas. Evolucionamos siguiendo el ciclo de la vida, pasamos por la niñez, por la adolescencia y luego por la edad adulta, del mismo modo, durante una etapa somos esencialmente obedientes, luego rebeldes, y luego imponemos nuestras propias normas una vez revisadas que son fruto de las experiencias en las etapas anteriores.

Reinvéntate cada día, cuestiónalo todo, es la única forma de progresar, y evolucionar, solo el aprendizaje, el entender algo nuevo cada día, el cambiar una creencia por otra, sirve para mejorar la vida, y encaminarnos a un estado de más paz, satisfacción y felicidad.

sábado, 23 de julio de 2016

Inútil



Inútil, palabra mortífera, de gran peso, que provoca gran dolor. Es un martillo para el alma. Es el juicio de valor más contundente y cruel que se puede pensar, decir y escuchar. ¿Qué es ser inútil? Inútil es considerarse incapaz de conseguir un logro, es sentirse inválido para un fin, es creer que uno no sirve para algo a lo cual le da demasiada importancia. La dificultad para conseguir aquello que uno desea me va a servir para medirme, para restarme valor, y para acabar creyéndome que soy inútil. El adjetivo inútil como cualquier otro adjetivo, es solo una opinión, un punto de vista, una interpretación, una creencia, un juicio, una mentira muy real. Es la idea de una mente que está muy lejos de alcanzar el deseo que persigue.

Una persona no es inútil sino que cree serlo, y siente que es así aunque ni lo parezca. Tanto quien se siente inútil él mismo, como si cree que lo es la persona que tiene delante, nadie es inútil, no lo es aunque lo piense, ni él ni quien tiene enfrente. Es sobre todo un juego mental. Si aquello que quiero no puedo conseguirlo, pienso que soy un inútil, y si aquello que yo quiero que haga la otra persona, ésta no lo hace, pienso que la otra persona lo es. Son elucubraciones, son ideas de mi cabeza, lo que realmente sucede es que las cosas no son como yo quiero, y en lugar de pensar de una forma diferente, en lugar de cambiar de opinión, de repensar o cuestionar mi idea, sigo empecinado en hacer aquello que creo que debo hacer, o en que la otra persona haga lo que tiene que hacer, y por ello la mente dicta sentencia diciendo: "eres inútil", o lo piensa sobre sí misma.

Los adjetivos son las espadas con las que luchan los egos, meras opiniones disfrazadas de verdades. Cuanto más se haga uso del adjetivo, cuanto más se critique personalmente a alguien, cuantos más juicios de valor, cuanto más yo me crea que soy esto o aquello, más carga mental tengo y más estoy enfocado en los resultados y objetivos para medirme y darme valor. Dichos logros seguramente están convirtiéndose en algo muy difícil de conseguir, no es casualidad, la dificultad es proporcional a la idea de creerme que tengo algo que demostrar para sentirme valorado, lo cual está indicando un sentimiento interno de desvalorización. Intento demostrar lo útil que soy porque en lo más profundo de mí me siento inútil, lo cual paradójicamente nos servirá para descubrir que en realidad somos justo lo contrario, ya que de algun modo tambien tenemos esta otra sensación.

Detrás del sentimiento de inutilidad al cual ha contribuido todo mi entorno empezando por papá o mamá está la evolución y el logro más grande del alma, que es salir de su soberbia y conocer el sentimiento de amor y unión. Todo empieza con la dificultad para demostrar quién soy, cuando todo aquello que quiero hacer parece salir mal, y encima ¡siempre me pillan!. En casa me empiezan a llamar inútil, también torpe, o tonto, o feo, son adjetivos de distinto calado que generan identificaciones vergonzosas para un alma sensible. Aparece entonces la necesidad de hacer cosas para demostrar lo que uno vale, y crezco sintiéndome infravalorado, menospreciado, no merecedor. Se desarrolla una gran y apremiante necesidad de reconocimiento que uno buscará por todas partes, en el trabajo, con la pareja, con los amigos, volviéndose perfeccionista y capaz de mucho sin por ello recibir casi ningún aplauso.

Vivimos la polaridad del amor, el eje que va entre los extremos del desprecio y el aprecio, la inutilidad y la más alta confianza en el ser que cada uno es. La soberbia desprecia a lo diferente, a lo diferente de ella, piensa la soberbia. El amor acoge todo, no juzga, respeta, es humilde, ni da ni quita valor, no presupone, solo mira y observa. Mientras seguimos tratando de hacer cosas para demostrar valor a alguien, no nos damos cuenta que nos sentimos vacíos de amor hacia nosotros mismos, y también llenos de juicios y reproches que volcamos en los demás. Al no lograr mi objetivo me enfurezco, rabio, me frustro, juzgo a quien supongo que es autor de mi fracaso, me decepciono, me desilusiono, me victimizo, me deprimo y me enfermo. Todo eso mientras no descubra que todo el problema es mi forma de pensar ahora. La solución es descubrir que es mi mente interpretando, tan solo buscando el modo de sentirse valorada, útil, merecedora.

La soberbia juzga, lo califica todo de bueno y malo, mejor o peor, hace de sus creencias verdades, e intenta cambiar a quien no es como él. Aconseja sin ser preguntado, cree saber cosas que solo puede suponer, manda creyéndose con la autoridad para hacerlo, y huye indignada si es contravenida, o muestra su furia, o hace drama hasta de una tontería. La soberbia necesita atenciones y elogios, pues todo ello puntúa como manera de darse valor, un valor que necesita porque no siente, y un valor que cree que deben reconocer los demás en ella a pesar que desde su prepotencia e intolerancia ella no reconoce en los demás. En el fondo los demás son espejos, una proyección donde reconocer esa arrogancia compartida, y que solo puede transformarse por completo al exonerar de culpa a todo el mundo empezando por sí misma, habiendo descubierto antes la inocencia de toda alma.

Inútil es una persona confundida, que cree que lo importante es el hacer, conseguir alguna cosa visible que mostrar, para demostrarle a alguien un valor de sí misma que en el fondo no siente. Más le vale descubrir y aceptar el vacío de amor a sí misma, y verter las lágrimas suscitadas por la revelación de esa verdad. El reconocimiento externo que buscamos debe venir de dentro, de uno mismo. Se trata de dejar de hacer para los demás y hacer por mí y para mí, se trata de comprender que nadie sabe lo que debo yo hacer más que yo mismo, puesto que nadie más soy yo, del mismo modo que yo no soy otra persona. La soberbia se doblega ante esta verdad, ante el ultraje que supone decirle a alguien que es lo que tiene que hacer, privándole de su libertad y de su esencia, violando su libre albedrío. No existe algo que haya que hacer o demostrar, tan solo sentir quien soy yo y serlo.

El único fin es ser quien soy, actuar de acuerdo a lo que soy, sin más objetivo que disfrutar de ser. El amor y respeto hacia mí se traduce en amor y respeto hacia los demás, y de ellos hacia mí. Este camino es dirigido por la vida todo el tiempo, quien nos abre y nos cierra puertas, quien nos ofrece un día despejado, y otro de tormenta. Todo lo que sucede en la vida son pruebas, escenarios donde poder observarse. Una experiencia personal positiva nos muestra una actuación humilde a la vez que autentica. Una experiencia desagradable es fruto de un planteamiento soberbio, mezquino. Si soy atacado es porque juzgo, y si juzgo es porque mi ser interno está siendo rechazado. Nacimos para crecer como almas, mejor dicho, reencarnamos para seguir progresando, y el trabajo es aprender y comprender.

Cuanto más escuches gratuitamente a alguien decirte cómo debes ser, cómo actuar, cómo comportarte, qué tienes que hacer, tanto más le falta a ese alguien y posiblemente a tí para llegar a ser el ser inocente que soís. Ese es el ser al cual falta reconocer, un ser que habita en todos, y que es puro más allá de la temporal mentira que dibuja la vida y que solo desvelan la conciencia y el tiempo.

sábado, 9 de julio de 2016

Me lo merezco



Merecer o no merecer lo que nos va ocurriendo en la vida es algo que a todo el mundo le quita el sueño, le hace pensar, y sentir, y sufrir. Es el eje central de su ser. Cuando pienso en si merezco lo que me pasa estoy haciendo una valoración personal de mi persona, y también de las personas con las que me relaciono y me hacen o me ayudan a sentir lo que siento. Estamos interrelacionados unos con otros, y sin lugar a dudas lo que a cada uno le sucede no es algo injusto e inmerecido. Cuesta aceptar esta verdad pero lo que está siempre sucediendo es perfecto en ese momento y lugar y para todas las personas que están viviendo dicha experiencia. También las experiencias de soledad se incluyen en este viaje del alma a través de todo su ser, nada es fortuito.

Merecer es una valoración donde cada uno decide si su experiencia es un premio o un castigo. El ser humano tiende a ver las cosas como positivas o negativas, ve solo el blanco o el negro salvo que profundice. Creemos que hay cosas que están bien y otras que están mal, cuando nada absolutamente está bien o mal, sino que concuerda con lo que uno esperaba, o no. Un premio dice “¡qué bueno soy!”, y un castigo dice “¡Que malo soy!”, ambas ideas son erróneas. Nadie es bueno o malo sino que es así como se siente, y por eso luego le ocurren las cosas que reafirman su creencia. Todo comienza en la valoración que uno hace de sí mismo, en cómo se siente, y que cree sobre sí mismo. Si me siento desgraciado lo seré, la vida traerá experiencias de desgracia, si me siento feliz, la vida traerá felicidad.

La vida es una proyección de lo que somos, por eso es perfecta, es el reflejo de quien somos en este momento. Podemos cambiar desgracia por felicidad y felicidad por desgracia, solo si andamos el camino entre un polo y su opuesto. Sé que al leerlo uno puede pensar que parece cosa de magia, no lo es, es ciencia. La cuestión es sentirse verdaderamente merecedor, y la primera dificultad es vencer a la mente que nos trata de persuadir de que no lo somos. ¿Cómo se le vence? Cuestionando sus pensamientos. La mente juzga, opina, se cuenta cosas, y solo trascendiendo aquello que hoy piensa, puede caminar hacia su felicidad. Solo poniendo en duda la interpretación que hace de lo que ve a su alrededor, puede buscar otra nueva interpretación de un nivel más profundo. Y no es que la mente estuviera equivocada, sino que es como aprender otro idioma más, es como descubrir un color nuevo que ya existía pero no veía.

La mente y sus pensamientos exploran la conciencia poco a poco, únicamente deben estar decididos a aprender cosas nuevas. Vencer significa avanzar, dejar de estar quieto, parado, rígido, pensando las mismas cosas, juzgando las mismas cosas, a las mismas personas, y reprochándonos una y otra vez lo mismo de siempre. Es síntoma de sentirse no merecedor, ese estado de estancamiento donde uno se siente solo, perdido, aturdido, confundido, insatisfecho, rabioso, triste, asustado. Uno entonces se reprocha a si mismo de todo, y por ello, a los demás. Como se desprecia entonces menosprecia a su prójimo. Como no se quiere, se aísla de su entorno, o bien como compensación decide agobiarlo, o lo adula hipócritamente siendo mentira lo que dice. La mente se polariza, y lo que creo de mí mismo, lo veo en los demás de dos formas, o bien veo lo mismo o bien veo todo lo contrario. Por ejemplo, si me creo tonto y guapo, me fijo en personas tontas e inteligentes, no me fijaré si son guapas o feas porque no tengo conflicto con ello, en cambio, la tontería me va a perseguir y crispar hasta que descubra mi complejo.

Lo que sucede en la vida muestra en qué aspectos uno se siente poco merecedor, poco valorado, puede incluso no ser consciente de ello, pero si nos fijamos en alguien que es de una forma específica, entonces uno tiene trabajo que hacer con ese adjetivo que define a esa persona. Por ejemplo, una persona rica y adinerada nos hace sentir rabia, es porque nosotros nos reprochamos no tener dinero, nos sentimos poca cosa o nos infravaloramos por ese motivo. Una persona bella y esbelta que nos obsesiona nos está diciendo que yo me mido por mi apariencia física y no me siento merecedor quizás de una pareja. Una persona fea y pobre seria tremendamente feliz si consiguiera dejar de reprocharse no tener dinero o belleza, si consiguiera sentirse merecedora de lo mejor a pesar de no tener ciertos requisitos. Todo depende de los juicios de valor de la mente que nos dirige a cada uno.

Todos somos merecedores de todo, pero creemos que no, creemos que la vida es un pastel finito y pequeño que nos tenemos que repartir y hay que ser rápido y astuto para ganar el mejor bocado o no quedarse sin. No es cierto, la vida es una expresión del ser que cada uno es, y ese paradigma de que todo puede acabarse ha obligado a competir, y ha llevado a muchos, incapaces de desarrollar más su mente a sufrir creyendo que este cruel mundo se acaba, o sus desgraciadas vidas. No, todo depende de cómo te crees que eres, creas el escenario de tu vida a tu imagen y semejanza, según cómo te sientes, según cómo te ves, según cómo crees que eres. Recuerda que creerme el mejor o el peor es exactamente lo mismo, la mente polariza, creerse bueno en algo es exactamente igual que creerse malo en eso mismo. Solo se puede ser, simplemente ser, ser cualquier cosa para un momento después convertirse en otra cosa un poco diferente o repetir el mismo patrón, solo depende de la interpretación de la realidad que se haga.

Quítate los adjetivos negativos, nadie es tonto salvo que se lo crea, y si lo cree puede dejar de serlo en el momento en que se dé cuenta y acepte que así era. No puede trascenderse una situación, un problema, un conflicto, un aspecto que me reprocho, hasta que no se acepta que así es, por duro que sea. Solo reconociendo algo evidente para mí puedo empezar a cambiarlo. Solo puedo soltar la idea que tengo de mí si reconozco justamente que tengo esa idea de mí. La forma de encontrar lo que pienso de mi es vencer el miedo a indagar en mí mismo, atreverme a preguntarme para qué hago lo que hago, y no negar mi verdad, no negar mi desmerecimiento, mis necesidades, mis carencias, mis miserias. Aceptar lo que siento, como me siento, mis emociones y sentimientos, mis pensamientos y creencias. Tomar nota del mapa que soy, qué cosas siento y con quien, que cosas creo, y porque las creo (de creer) de mí, las creo (de crear) fuera de mí.

Por tanto, lo importante es lo que crees que mereces, lo que sientes que mereces. ¡Cuidado con la polarización del pensamiento! Pensamos que merecemos una casa grande, un coche potente, un trabajo genial, pero al indagar en la mente, en realidad creemos y sentimos que no merecemos tanto, y ese es el quit de la cuestión para no tener lo que soñamos. De nada sirve lo que hagamos, como gastamos el tiempo, lo que decimos, y hasta lo que pensamos, da igual lo que le cuente a un amigo, o a cualquier persona, si le digo la verdad o le cuento una milonga, porque mi verdad, mi sentir, es lo que produce la vida que vivo, y me trae las personas que tengo alrededor. Por eso, solo puede uno ser uno mismo, y ser autentico, coherente, honesto y fiel a su verdad, todo lo demás es perderse en un laberinto cuya salida es ser quien verdaderamente soy y nada más, sin engaños, sin negación ni patrañas mentales.

No creas en nadie más que en ti. Nos hemos juzgado, nos hemos hecho creer unos a otros películas de cada uno. Nos hemos menospreciado tanto que hemos llegado a sentirnos totalmente indignos de vivir. Es hora de darle la vuelta a esta tortilla, y empezar a sentir de nuevo el gran amor que nos une, y la felicidad que nos espera. Somos tan inocentes como lo fuimos al nacer, y tan merecedores de ser y existir como cualquier color de pertenecer al arco iris.

martes, 28 de junio de 2016

Sometimiento


¿Qué es sometimiento? Es la acción de someter. Y someter es robarle el poder de decidir a otra persona. Etimológicamente “submittere” (en latín) significa poner debajo, o poner detrás. Hay muchos modos de someter, físicamente seria sujetar a alguien usando la fuerza, o psicológicamente, seria humillándolo con juicios de valor sobre su persona, chantajearlo con promesas o castigos, confundirlo poniendo en duda su credibilidad, amedrentarlo con hipotéticos peligros, o directamente engañándole. Sometimiento es lo que sucede cuando una persona cree tener más razón que la otra, y la otra lo cree ingenuamente o actúa como si así fuera, permitiendo a quien trata de imponerse que crea en serio tener la razón, otorgándole además así el papel de verdugo y tomando para sí el papel de víctima.

Todo es un juego mental. Ni un verdugo es mejor que su víctima, ni tampoco peor. Simplemente cada uno adquiere un papel, donde curiosamente ambos se sienten mayormente victimas del otro, y nadie el verdugo que es. En realidad ambos son verdugos y victimas a la vez, y ambos tienen razones de igual peso e importancia. El solo hecho de criticar al otro por cualquier cuestión ya convierte en verdugo a quien critica y en victima al criticado sucediera lo que sucediera. Continuamente uno a otro busca un modo de someterlo con la intención inconsciente de evitar ser sometido, como si esa fuera la solución. Del mismo modo que violencia solo engendra violencia, cualquier acto sea el que sea solo genera otro acto, y pretender demostrar tener razón genera que la otra parte trate de hacer exactamente lo mismo.

La vida es competencia, no se puede evitar, es un baile donde cada uno necesita demostrar cuál es su valor, y lo consigue intentando ser mejor que quien tiene a su lado. Solamente hay un momento en la vida en que todo es verdadero amor incondicional, y es así porque no hay aún posibilidad de hacer juicios de valor, no siendo por ello posible análisis o crítica alguna. Ese momento es en el seno de nuestra madre, en estado fetal, no somos visibles, somos invisibles, una condición que evita todo juicio, pero solo aparentemente, ya que en ese estado simbiótico, el feto absorbe el estado emocional de su madre. Solo en esta etapa el amor es puro, aunque ya existe sometimiento, pues el feto y más adelante el bebé, carece de autonomía, necesitará de otro individuo para conseguir sus propósitos, de su madre.

Echamos a andar sometidos por el más puro amor incondicional. A partir de aquí todo va a depender de esa relación entre el niño y su madre principalmente. La madre es quien nos va a proporcionar en mayor medida lo que deseamos y necesitamos, o quien nos lo va a negar. Estamos totalmente en sus manos. Si tiene buena empatía, acierto o dotes de adivinación, quizás el bebé sufra menos esa relación con su nueva vida a través de su madre, si la madre es inexperta, está impedida de algún modo, o por las circunstancias que sean no puede dar a su bebé todo lo que él le solicita, el bebé sentirá la gran dependencia y necesidad hacia la figura de su madre, sabrá que sin ella está en peligro, y sentirá mucho su ausencia.

Estar sometido es no tener la capacidad o la habilidad para conseguir uno lo que necesita por sí mismo. En la medida que uno no ha conseguido ser suficientemente atendido por su madre desarrolla su sentido de dependencia y necesidad hacia otra persona que le nutra. Ese sentimiento está grabado en el inconsciente, y es un vacío existencial. Cabe recordar que como alma escogemos a nuestros padres para el trabajo de evolución espiritual que queremos desarrollar. La ausencia de ese amor que pudimos sentir en el inicio se siente como soledad, abandono, o autodesvalorización personal. La búsqueda de alguien que me someta, o alguien a quien someter, la necesidad de compartir la vida para no estar solo, es en realidad la búsqueda de esa conexión perdida de amor o de unión, que más allá de la madre, es la conexión con la voluntad insatisfecha del ser individual que cada uno es.

Hasta la adolescencia, el ser se siente sometido, dependiente, porque pocas cosas que necesitaba le han sido satisfechas, y también es natural que sea así. Sentimos rabia, traición, miedo, humillación, tristeza, desamparo, clamamos por que nos devuelvan el amor, y nada nos lo puede devolver, sobre todo si pretendemos exigirlo. Como padres cada uno hace lo que puede y sabe, y como hijos nadie va a estar nunca feliz en su fuero interno de haber vivido tanta soledad sea consciente o no de ello. La vida que avanza inexorable es una búsqueda de amor basada en una lucha de poder entre someter y secuestrar a la víctima, o en dejarse someter para no estar solo. En el juego mental hacemos todo lo que se nos ocurre para demostrarnos que merecemos amor sin darnos cuenta que ese valor no se recupera quitando la razón al otro ni tampoco dándosela, sino que tiene más que ver con descubrir la inocencia de todo ser, tal como es en el inicio de su vida.

Ser sumiso o dejarse someter, callarse para no ofender y no atreverse a poner ciertos límites, es producto de la autodesvalorizacion, de no sentirse merecedor de amor. Se debe a haber perdido totalmente la conexión con la propia voluntad por la falta de cuidados de la madre y no importa por qué motivos pues siempre los hay. Quien actúa como verdugo ha sufrido también desconexión, pero de una forma más irregular, a veces obtenía el soporte emocional, otras veces no, de modo que no se desvaloriza tanto pero teme igualmente a la soledad. Este último desarrolla una personalidad más dominante, se vuelve controlador, parece más seguro de sí mismo, y sin embargo es celoso, y necesita ser obedecido y estar acompañado, todo por evitar revivir los vacíos que una vez vivió.

Huimos de la sensación de rechazo y abandono, a la vez que buscamos la sensación de unión. La sensación de amor o unión siempre será mas fuerte que la de separación. Nadie puede sobrevivir sin vincularse, por eso cualquier relación por terrible y enfermiza que sea será siempre mejor que la no-relación. Y si una relación se quiebra, es porque normalmente hay otra relación nueva en mente, salvo que exista la relación positiva de uno consigo mismo. La sanación de una persona o de su relación con otra, pasa por un trabajo de valorización personal tanto de sí mismo como de la otra parte, sin hallar culpables y desde el entendimiento, donde cualquier sentimiento tenga cabida pues solo son fruto de la represión de la voluntad y el deseo de ser de cada uno como es, ilusiones reprimidas y contenidas en forma de miedo, rabia, tristeza, y demás emociones, que necesitan ser expresadas y liberadas.

Salir del sometimiento es dejar de ceder, dejar de complacer a cualquier precio, dejar de imponerse, dejar de hacer críticas personales, dejar de forzar y de exigir. Es recuperar el amor hacia mí mismo que me debo, es aprender a respetarme yo y del mismo modo a los demás, es dejar de depender de alguien que no sea yo. Se puede compartir todo sin venderme, sin doblegar por ello mi ser, deseo y voluntad, sucede si del mismo modo que me respeto yo, respeto a cualquier persona sin prejuicio alguno. Por el contrario, seguir en el juicio y la crítica, y en el engaño especialmente a uno mismo, nos lleva al aislamiento, a sentir esa soledad y falta de unión, que perdura y se incrementa por no querer mirarla, y que continuará en la próxima vida pues escogeremos la madre y el escenario ideal para ello.

Hay un gran aprendizaje en la experiencia de la soledad, descubres que nunca puedes estar solo salvo que escojas estar solo. Si te crees especial, no porque sabes que lo eres como cada uno lo es, sino porque crees que eres mejor a otro, entonces dejas de estar unido al amor que lo une todo. Si tu especialidad se basa en saber que eres único pero en creer que los demás no lo son igual que tú, entonces te separas del resto de los mortales y es lógico sentirte solo. No es un castigo, es solo una opinión, una experiencia del momento en el que decides creer que ello es así. Vivimos lo que creemos, la vida nos ofrece el teatro donde representamos eso en lo que creemos, entendiendo las cosas de otro modo, teniendo otra visión, observando que todo es pasajero, y uno mismo el principal pasajero de la vida, se consigue que se precipite un nuevo escenario de experiencias posibles.

Deja en paz a los demás, déjate en paz tú mismo, deja de inquietarte y de luchar por ser alguien, deja de tratar de demostrar cosas, o de esconderte detrás de otro sintiéndote un cero a la izquierda, de someter a tus hijos, a tu pareja, a tus empleados y de someterte tú, no te obligues a nada, no hipoteques tu voluntad. Ser alguien es seguir una idea preconcebida que tenemos de lo que desearíamos ser, es un camino a ninguna parte. Distinto es tratar de ser “yo”, descubrir que quiere mi autentico ser, desenterrarlo y preguntarle cuáles son sus verdaderos deseos, que cosas lo estimulan de verdad y le hacen disfrutar. Vive tu presente sin condicionamientos, sin compararte negativamente con nadie, siéntete libre, inocente, y corre tu carrera sin mirar hacia los lados, de esa manera si serás alguien, alguien verdaderamente especial, alguien que ni somete ni es sometido, que toma sus decisiones y las de nadie más. Serás tú mismo, y lo sentirás porque un dia podrás reconectar con ese sentimiento de unión y amor que todos anhelamos y perdimos en el vientre materno.

lunes, 6 de junio de 2016

Fe


Palabra misteriosa donde las haya. “No pierdas la Fe” dijo el profeta. Es sinónimo de esperanza y confianza. Se define como creencia en la religión, en Dios, y en otras supuestas verdades trascendentales o no. Etimológicamente, proviene de la palabra en latín “fides”, que deja palabras como fiel, confianza, confidencia o fiar. Todas las palabras tienen implícito un significado de lealtad. La raíz indoeuropea a la cual se atribuye “fides” es “*bheidh-“ la cual se traduce como atar o trenzar. La palabra Fe y todas las que derivan de la misma raíz denotan la idea de unir, atar, trenzar o de algún modo vincular los elementos a los que se refieren, de modo que Fe me atrevería a traducirla como aquella creencia según la cual todo converge hacia la unidad.

Es correcto además llamarlo creencia en lugar de verdad, porque aunque sea verdad que todo converge hacia la unidad, también es verdad en otro lapso de tiempo las cosas divergen, se separan o alejan. La única verdad posiblemente es que todo está en movimiento eternamente, que el día precede a la noche y la noche al día. Todo es un ciclo sin fin, pero dentro de ese ciclo hay tantos momentos para unirse como momentos para separarse, y aun así nada puede estar realmente separado del todo. ¿Desaparece el sol cuando no lo vemos? ¿O simplemente está oculto? De la misma manera los individuos nos sentimos separados a veces unos de otros, y otras sentimos la unión. Por lo mismo en el mundo existen lapsos de tiempo donde impera la competencia y la lucha por el poder, y tras esa época oscura, una etapa donde prima la cooperatividad y la voluntad de servicio.

Está en la naturaleza de las cosas. Tanto es posible la convergencia como la divergencia. El camino está dictado por un ciclo sin fin con forma circular, se separa para volver a unirse, y para volver a separarse y continuar sin fin. A una etapa se le llama diurna y a otra nocturna, a una etapa fusión y a la otra división, también derecha e izquierda, o masculino y femenino. La vida es un aparente caos donde todo está regido por un orden, puede parecernos magia incluso, pero solo porque no ha sido todavia comprendido, luego se le llamará ciencia. En todas las religiones antiguas se explicaron aunque con distorsiones las mismas verdades que hoy se analizan. La Fe lo único que pone de manifiesto es que existe un sentido en todo aquello que sucede, y descubrirlo es poco menos que encontrar el camino hacia la felicidad.

Ese camino es ser uno mismo, eso tan difícil de averiguar y sobre todo de llevar a cabo. Tan complicado porque está rodeado de temores conscientes e inconscientes. Nadie es realmente él mismo porque está influido por toda clase de juicios y prejuicios heredados u absorbidos, de la familia, y de la cultura. No distinguimos quien somos porque tenemos capas y capas de creencias que nos han moldeado y nos han programado para pensar de formas específicas, atendiendo a verdades troqueladas y distorsionadas que campan por la mente, que de algún modo es tarea nuestra desactivar, cada uno su propio ego. Egos que son una mezcla de cooperación y competencia, que luchan por el poder a la vez que luchan por amar incondicionalmente. Egos que quieren ayudar y servir pero a la vez necesitan sentirse individuos independientes con sus deseos satisfechos.

La Fe es la confianza plena y la seguridad absoluta de que la humanidad está evolucionando y siempre es para estar hoy mejor que ayer. Cada persona trabajando sobre sí misma, es cómo evoluciona el conjunto de la humanidad, de nada sirve que uno le diga al otro lo que tiene que hacer, salvo apuntarle que existe un trabajo místico, espiritual, religioso o incluso científico si se quiere decir, que trata de descubrirse cada uno a sí mismo a la vez que tratamos de comprender la naturaleza del universo donde vivimos. La religión y la filosofía trataron de explicarnos lo que solo comprenderemos mediante la ciencia y el conocimiento, dicho de otro modo, la teoría será entendida a través de la práctica, y todo es necesario para converger al final en un punto central, al cual para llegar no solo se necesitan pruebas y experiencias sino también algo de Fe.

La vida es este escenario donde todo se despliega, donde todo se polariza, donde aparece el hombre y la mujer como principios masculino y femenino, donde todo debe ser comparado para hallar similitudes y diferencias y comprender el juego. Un juego donde todo avanza inexorable hacia su destino único, dirigido por el tiempo, medida de convergencia y divergencia a partes iguales. Un juego de muerte y renacimiento donde en verdad nada muere, solo cambia de forma, se une y se separa de una misma alma que vincula todo cuanto pueda existir. La Fe es también la inercia intuída que proporciona todo conocimiento y experiencia, lo cual puede percibirse como algo mágico y a la vez con sentido y órden.

¿Quién no ha observado todavía la cantidad de casualidades y sincronicidades que suceden en esta mágica vida? Son una buena prueba de Fe. De hecho, nada es casualidad, lo parezca o no todo sucede por alguna razón. Y sin embargo, se nos pasa por alto la gran mayoría de oportunidades de descubrimiento que de algún modo la vida orquesta para cada uno. Tanto los extraños encuentros fortuitos con determinadas personas, como las cosas curiosas que encontramos, como las conversaciones que tenemos llenas de significado, todo ello y más, también lo que tanto se repite, todo es vida desplegándose ante nuestros ojos cuya intención es enseñarnos algo nuevo, sobre nosotros mismos y nuestro entorno, sobre cada uno de los que estamos unidos en ese espacio y momento del tiempo.

Dicen que la Fe mueve montañas, esa creencia quizás esté muy lejana en el tiempo para ser real, sin embargo, sí que puede convertirse en la confianza y la fuerza para acometer otros pequeños milagros. Milagros que consisten en descubrir el potencial que cada uno tiene dentro de sí mismo para hacer grandes cosas. La Fe, es sobre todo, la virtud o capacidad que tiene una persona para convertirse en aquello que quiere ser, que en verdad no es más que descubrir su talento, averiguar quién es en realidad y empezar a serlo. Y es Fe también empezar a andar hacia aquello que uno quiere ser, sin saber cómo lo conseguirá, salto al vacío se le llama también.

La Fe es no dudar, no preocuparse, confiar en uno mismo y en la vida. Es cambiar el temor a sufrir o fracasar, por la confianza en tener éxito o aprender. La Fe es un amigo que te anima, una madre que te quiere, y un padre que te orienta. La Fe es conciencia de que eres un sueño que puede ser cumplido. La Fe es la seguridad de que tras un amanecer hay un anochecer y luego un nuevo amanecer. Nada hay en la existencia que no tenga su orden y lugar, ten Fe.


domingo, 15 de mayo de 2016

Voluntad


La palabra voluntad se define como la capacidad para tomar una decisión en libertad. Proviene etimológicamente del latín “voluntas” y de la raíz indoeuropea “*wel/wol” que traen palabras como voluntario, voluptuoso, invitar o malévolo. Todas ellas indican deseo o placer, y son el componente esencial de la voluntad.  La voluntad, a la que también podemos referirnos como intención o deseo, dista mucho de ser verdaderamente una decisión tomada en libertad, más bien es un deseo que nos posee al que es difícil resistirse. A lo que si podemos aspirar, es a llevar a cabo nuestra voluntad en lugar de la voluntad de otra persona que nos trata de inducir a hacer lo que ella quiere, en lugar de lo queremos nosotros.

No somos libres, podríamos creer que lo somos e incluso sentirnos libres, pero no lo somos. Si pudiéramos zafarnos de la influencia de los demás, ya sería algo, podríamos sentirnos un poco más libres, pero sucede que cada uno intenta siempre cambiar al otro sin darse cuenta, agobiándolo por usar muchas veces demasiada presión e insistencia. Usamos muchas maneras de influirnos unos a otros, en pos de un hipotético bien la mayoría de las veces, pero también en ocasiones los métodos usados buscan dañar a la otra persona deliberadamente. Aunque uno a otro fuéramos capaces de dejarnos en paz no tratando de modificarnos la conducta con acometidas a nuestras voluntades, el propio deseo interno que cada uno siente nos obliga a tratar de satisfacerlo, de modo que es imposible ser realmente libre, aunque si hay un modo de sentirse libre, que es justamente persiguiendo ese deseo sea cual sea en lugar de ignorarlo.

Cada persona con su personalidad tiene montones de deseos diferentes, son los que definen su personalidad y su voluntad. Otra persona puede coincidir en bastantes de esos deseos, o en muy pocos, pero tal como las huellas dactilares, es imposible que una persona sea idéntica a otra. Por eso chocamos, por eso discutimos, por eso hay gustos diferentes, visiones y opiniones dispares, y toda clase de cosas en las que podemos estar de acuerdo y en desacuerdo. Por eso los niños se entienden entre ellos, los adolescentes entre ellos, y los adultos con los de su edad, las mujeres entre ellas y los hombres entre ellos, y aun así tampoco lo suficiente como para no discutir por algo. Es así la vida, estamos destinados a experimentar las diferencias y las similitudes para evolucionar cada cual en aquello que su alma considera que tiene que trabajar.

De modo que cada uno con su voluntad como bandera hace lo que considera que debe hacer. Lo cual significa porque somos así de complicados, que no solo voy a tratar de satisfacer ese deseo que siento y que me impulsa a conseguir un objetivo concreto, sino que puedo considerar que los deseos de papá y mamá también son mis objetivos, y también lo son quizás los de otra persona relevante en mi vida, siendo que a veces creo que tengo que hacer una cosa y la contraria, pues mezclo ideas bastante incompatibles, y también puedo incluso anular mi propio deseo interno y su sentir en aras de darle más peso a una idea que no es realmente mía. De todo ello sale una gran confusión que solo se resuelve cuando uno se dedica a seguir sus propios impulsos, y aparca lo que no le corresponde porque es de otra persona.

Y es que no se trata de que unos tienen razón y otros no, de que unos saben actuar bien y otros actúan mal, unos se equivocan y otros aciertan. Como si una personalidad o voluntad fuera mejor a otra, y hubiera que encontrar la conducta ideal. Cada uno es como es porque es así como tiene que ser y no de ninguna otra manera. No escogemos en realidad ni somos libres. Solo podemos hacer una cosa que es seguir el propio impulso y experimentar lo que la vida nos trae, el hecho de reprimir el deseo interno por sentimientos de culpa o miedo solo retarda la evolución de la persona, y el hecho de hacer lo que digan otros no aporta nada más que insatisfacción, y no enseña nada de nada.

Cada uno tiene sus deseos, y da igual lo que sean, ninguna cosa es buena o mala. Es como las profesiones, a cada uno le gusta o le llama la atención una profesión particular, uno quizás sería policía, otro cocinero, otro vendedor, otro profesor, otro gerente de una empresa, otro periodista, otro abogado, otro terapeuta, otro guía de turismo, otro pescador, otro científico, otro prefiere cuidar de su casa, o de sus hijos, otro no, cada uno desea o prefiere cosas distintas, y nada es mejor ni peor. Lo importante de verdad es que nos dejemos en paz unos a otros, que dejemos de juzgarnos por ser diferentes, por hacer las cosas de forma diferente. De hecho, quien juzga y se indigna por la actitud de otro, es porque no hace lo que realmente quiere hacer, no sigue a sus deseos y de algún modo pretende que el otro lo haga por él, y haga lo que él no puede o no pudo llevar a cabo.

Fruto de la represión que cada uno soporta respecto a su verdadera voluntad, nacen toda esa gama de manipulaciones que de forma inconsciente o no, tratan de modificar la voluntad del otro. Así, para colmar deseos y necesidades que son propias, nos valemos de los demás creyendo además que tienen que cambiar su actitud para hacer las cosas según nuestro deseo. Y con ello surgen las amenazas, las coacciones, los chantajes, los premios y castigos, los engaños, las quejas, reclamos, exigencias, y toda clase de argucias dedicadas a cambiar la voluntad del otro, y todo por la incapacidad de uno para ser coherente con su verdadera voluntad que son sus deseos profundos, los cuales ha perdido de vista, ha escondido bajo capas de reproches que se hace a sí mismo por ser simplemente quien es. Reproches claro está de sus padres que ahora él también hace a sus hijos. El ciclo de la vida es así, juicios y reproches son las herramientas que empleamos cualquier ser humano en esta búsqueda de uno mismo.

En esta guerra de poder de quien quiere imponer su voluntad sobre otro existen diferentes estratagemas. La persona menos inteligente que suele ser la de más fortaleza física se impone con amenazas y coacciones a falta de mejor estrategia, cuya intención es amedrentar a la otra persona con castigos, o con la retirada de un hipotético premio. La persona astuta en cambio utiliza el chantaje y el engaño, promete una cosa a cambio de un premio que quizás después no tenga lugar. Es por ejemplo coacción cuando se le dice al niño que si no se come todo se queda sin tele, y chantaje cuando se le dice que por comérselo todo podrá ver la tele, dos ejemplos claros de manipulación, que aunque como se dice “el fin justifica los medios”, igualmente sigue siendo manipulación.

Las criticas personales, exigencias y quejas son también intentos de manipular la voluntad del otro,  y que generan como cualquier otra forma de manipulación sentimientos de culpa y vergüenza, angustia o ansiedad. Cualquier presión ejercida a la voluntad de una persona le causa a ésta tensión y stress, que reprimidos y no liberados, son somatizados por el cuerpo generando molestias y enfermedades. Es el ego y la fuerza de su mente, el que se resiste a ser quien realmente es, y se esfuerza en seguir un comportamiento aprendido con la idea equivocada de que existe el comportamiento ideal. Se puede decir que sí que existe ese ideal de comportamiento, pero no como una opción que uno debiera tomar, sino como la licenciatura en la universidad de la vida una vez terminado el ciclo de encarnaciones. Intentar ser quien uno todavía no es, es un autoengaño y un fraude a nosotros mismos, por ello a quien se cree que es pura bondad sin serlo, la vida lo revuelca por el fango continuamente.

Tenemos que vigilar mucho con nuestras estrategias inconscientes que utilizamos para convencer al otro de lo que nos interesa. En todo lo que hacemos buscamos la admiración y el reconocimiento, el amor de la otra persona, simplemente que nos quiera, y cuando algo que hemos hecho o dicho no le gusta convertimos el asunto en un drama, creyendo que ya no nos quiere por una simple divergencia de impresiones. Es muy bueno darse cuenta que cualquier relación es cosa de dos y nadie tiene toda la razón. En el momento en que uno deja de tratar de imponerse al otro y cambiarlo, consigue muchísimas cosas, principalmente aprender del otro pues cada uno aporta siempre algo, uno empieza entonces a escuchar y a preguntar para entender, y las quejas y exigencias desaparecen por sí solas. Y en esta situación de paz nace el respeto y la relación de confianza que sostiene el amor que existe.

Vulnerar el libre albedrio o voluntad de otro ser ya sea pequeño o grande de forma consciente y deliberada trae consecuencias, es el denominado karma, la ley universal de la compensación. Ello provoca que en otra vida o en otro momento del actual, alguien sin importar quien, ejerza la misma presión sobre tu voluntad de forma ésta vez inconsciente, para sufrir el mismo daño que uno anteriormente infringió. No es un castigo sino la única forma de realmente aprender cuales son las consecuencias de nuestros actos, que más que los actos son las intenciones de someter mediante esos actos. Una persona dueña de sí misma no necesita usar estrategias de manipulación para que alguien haga lo que quiere, simplemente lo pide, y el otro en pleno derecho a decir que si o que no, escoge sí porque sí que quiere, sin trampa ni cartón.

Por tanto, si no te hacen caso, o tienes que meter miedo para que te hagan caso, no estás siendo quien realmente eres, luchas por ser una persona distinta, tal vez buscas cumplir con un comportamiento determinado. Todos andamos buscándonos a nosotros mismos tratando de hacer las cosas bien. La voluntad de un ser íntegro jamás es puesta en duda. Si alguien no te compra lo que vendes, si a alguien no le gusta tu propuesta, es que no es tu propuesta sino de otro, no es tu producto sino de otro, no crees en lo que dices. Cuando uno es auténtico, no hay lugar a las dudas, cuando uno es honesto, coherente y rotundamente fiel a sí mismo, nadie le lleva la contraria, y esa es la prueba de estar totalmente alineado con su verdadera voluntad.

martes, 3 de mayo de 2016

Manipulación




¿Qué es manipular? Manipular es hacer cambios o alteraciones en algo para conseguir un fin determinado. La manipulación de alimentos da lugar a distintos platos, la manipulación de elementos químicos genera reacciones y transformaciones diversas, la manipulación mental busca alterar la forma de pensar. Dependiendo del objetivo que uno busque, así escoge los ingredientes y los mezcla, con la intención de conseguir su propósito. Cuanto más concreto y especifico sea el objetivo buscado, más manipulaciones o alteraciones tendrán lugar entre los elementos escogidos para tal fin.

La manipulación mental es algo que sucede diariamente queriendo o sin querer, es algo lógico y normal aunque no muy beneficioso. Cada persona tiene una personalidad, unos rasgos de carácter, y una forma de hacer y decir las cosas que surge de su inconsciente, aunque también algunas veces sí somos conscientes de lo que decimos y para qué lo decimos. Cuando la manipulación es deliberada y consciente es muy perjudicial para quien la utiliza pues genera el denominado karma. Podemos llamar ego a ese impulso que nos obliga a hacer las cosas y decir las cosas de una forma determinada con el objeto de conseguir aquel propósito que deseamos. Es totalmente licito y correcto perseguir cada uno el deseo que tenga, sin embargo, la forma de hacerlo lo es todo.

La manipulación es una alteración de la realidad, es la interpretación que hace nuestra mente inconsciente de los sucesos y situaciones de nuestra vida convirtiéndolos en productos similares pero no idénticos, y esa deformación ocurre automáticamente sin poder evitarse. Cada persona que presencia un acontecimiento, lo contará de forma diferente, captará y escogerá distintos elementos de la historia, que expresará luego aplicándole también en mayor o menor medida cierto entendimiento propio, de modo que lo que cuente sea razonable para él. Existen dos fases de manipulación de la realidad, en la primera capto y atiendo sin darme cuenta a la parte de la historia que inconscientemente me interesa, y en la segunda parte le explico exclusivamente a quien quiero lo que me parece oportuno de forma mecánica o deliberada. Tanto la versión que me cuento a mí mismo de la historia, como la versión narrada a otra persona, ambas se puede decir claramente que están manipuladas o adulteradas ya sea sin querer o queriendo, con intención o sin ella.

Cada persona es diferente y capta distintos elementos de una misma situación, fijándose en más o menos detalles, luego los mezcla en su mente, y se hace su película sobre lo que ha visto o vivido. Va a depender mucho de la fuerza de su ego, de su capacidad de interpretar lo ocurrido de mil maneras distintas, o de una sola manera, y de cómo sea esta manera, para que le afecte poco, mucho, o nada, aquello que considera que ha sucedido. La mente de cada persona manipula inconscientemente la realidad que vive, y se cuenta lo que se cuenta según su personalidad, pasando por alto los diversos matices, conclusiones, e interpretaciones posibles que podrían sacarse de cualquier historia. El ego es como si tuviera el molde hecho, el objetivo claro, y pase lo que pase su conclusión suele ser lo que él ya se imaginaba ¡qué casualidad!

No solamente nos convencemos para creernos cada uno la historia que nos contamos, sino que además pretendemos manipular a las personas que nos rodean para que se crean la misma historia. En lugar de dudar de lo que estoy percibiendo que sería un buen trabajo de introspección y de desarticulación del ego, pretendo que otra persona crea en lo mismo que yo. A mi alma le perjudica y le genera karma toda acción encaminada a influir en la voluntad de otra persona, por no respetar su libre albedrio al exigirle que piense como yo, y que haga las cosas como yo. Atemorizar a alguien, engañarle, u obligarle, para que realice la acción que nosotros queremos es fruto de la necesidad del ego de manipular cualquier cosa y persona, alterándolas para hacerlas encajar en su molde de como tienen que ser las cosas.

No es nada fácil desarticular la cantidad de creencias y cuentos que cada uno tiene programados en su mente, es una tarea de profunda reflexión e introspección, reflexión que además es subjetiva por estar impregnada o viciada por toda esa gran cantidad de condicionantes que son las opiniones, y especialmente los juicios y prejuicios. Ojalá fuera tan fácil pararse y observarse uno mismo y descubrir de repente todos esos puntos negros. No, el ego luce transparente, se resiste a ser comparado, y cuando es comparado se enfada y considera que el otro está equivocado y es culpable del daño que me infringe. El ego solo podrá perder su fuerza y dominio, y la manipulación y control sobre los demás y sobre sí mismo cuando acepte ponerse en duda, cuando compruebe su necesidad de forzar las cosas, cuando se haga responsable de sus tejemanejes, cuando identifique su arte para la coacción y el chantaje, cuando renuncie a doblegar voluntades incluida la suya propia para conseguir sus propósitos personales.

Reconocer el ego es descubrir como es mi personalidad, es identificar que quiero y que necesito. Es anotar mis deseos, mis exigencias, y especialmente cual es mi método para obtener todo ello. Es un trabajo de afuera hacia adentro, averiguando que cosas hago para conseguir lo que quiero puedo desandar el camino y ver cómo ese camino me muestra el proceder de mi mente. Es un camino difícil cuando pienso en someter o modificar la voluntad de los otros, y fácil cuando busco el acuerdo de todos, difícil cuando se construye con mentiras, y fácil cuando es la verdad quien guía. Un camino sin demasiada manipulación, donde nada cobra especial importancia, donde no hay exageraciones ni omisiones ni prisas, donde no hay una fijación obsesiva por un resultado concreto, paradójicamente se convierte en el camino más fácil. El deseo es un reflejo de la necesidad, cuanto más necesito llegar adonde quiero, más invento el modo de conseguirlo, y más recursos emplea la mente en tal proyecto. Al descubrir qué necesito puedo detener la forma egoica y manipuladora de conseguir las cosas, y cambiar entonces las exigencias por solicitudes, a partir de ahí la necesidad se comienza a esfumar.

Las emociones colorean ese camino dibujado por la mente, y le dan toda la fuerza. Desapegarse del deseo concreto, entristece, no conseguir lo que uno siente que necesita enfurece, y no conseguir ciertos logros del modo que uno lo piensa amedranta o frustra. Sin embargo, sucede así por tratar de lograrlo mediante la manipulación, las emociones son sensores que nos avisan que el deseo o necesidad están siendo tomados por la fuerza, que estamos intentando quebrar la voluntad de otra persona o incluso la propia, o que dichas voluntades se están poniendo en tela de juicio. Es la mente y sus creencias quien nos hace sufrir y sentir lo que sentimos según sean nuestros pensamientos, todo depende de la realidad manipulada a la que hacemos caso.

Manipulación es tergiversar la verdad, es creerse culpable siendo inocente, e inocente siendo culpable, es creerse verdugo siendo víctima de otro verdugo, y es creerse víctima siendo también un juez despiadado. La mente con sus creencias y verdades a medias, con sus certezas y errores, sus intuiciones y dudas, es una máquina de manipular información, y de dominar a otros o someterse sin querer o queriendo. En pos de una búsqueda infatigable, la de saber quién soy, todo sucede. Y no siendo todo lo que suponemos mentira ni verdad, una cosa es bien cierta, la personalidad es mi propia mente manipulada por mi a tenor de mi juicio y entendimiento, y está destinada a ser cambiada y alterada en el tiempo por natural evolución, lo cual depende únicamente del trabajo de cada uno consigo mismo, de lo que tarde en descubrir las tropelías y argucias de su mente.
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